Cierto día, mientras pasaba la tarde de un miércoles con mi novia luego de hacer algunas vueltas y cotizar tatuajes y mientras descansábamos del agobiante calor del día recibí una llamada de uno de mis mejores amigos de toda la vida.
Felipe, (uno de los tres Felipes a los que toda la vida les hemos llamado simplemente Pipe) un ingeniero agrónomo bastante pilo de la Universidad Nacional y del que esperamos grandes cosas por su devoción a su carrera estaba desde hace unos meses al frente de un proyecto que tenía que ver con papa, ese mágico tubérculo que todos hemos tenido la oportunidad de degustar en diferentes presentaciones gracias a nuestras raíces chibchas y su versatilidad en la cocina de nuestro país.
Pipe en su llamada me preguntó que iba a hacer yo al día siguiente porque si no estaba muy ocupado quería que lo acompañara a recoger el producto del trabajo al mejor estilo de los campesinos del gremio de los comúnmente llamados paperos, o sea... iA cosechar papa carajo!
Desde el principio la idea me pareció interesante, no solo por el hecho de tener material para escribir para ustedes, sino porque representaba una aventura que hasta el momento no había tenido la oportunidad de vivir, así que mi respuesta fue un rotundo SI, que vino acompañado de algunas risas con un tono de incredulidad por parte de mi novia al explicarle cual era mi plan.
La expedición comenzaba a las 6 de la mañana, hora a la que Pipe me recogería para comenzar con el viaje. A las 5 de la mañana ya estaba despierto, me bañé, me vestí, escogí ropa con la que me pudiera ensuciar a placer y llenarme de tierra por completo, la puse en la maleta junto con el desodorante y desayuné. Con la puntualidad característica de un cobrador de la mafia rusa, Pipe llamó de nuevo a mi celular y me dijo "chinaso ya estoy en su portería", así que sin más me despedí de mi madre y me fui a trabajar.
En la avenida Boyacá cogimos un bus hasta la 13 en donde tomamos un intermunicipal que nos llevaría a Mosquera a las afueras de Bogotá, de hecho antes, en donde queda una propiedad de la universidad anteriormente mencionada. Al llegar esperamos a Felipe (otro Felipe, compañero de proyecto de mi amigo), la idea era caminar desde la entrada hasta el lugar en donde estaba el cultivo, sin embargo existen bicicletas que al parecer son comunitarias, ok, tal vez no lo son pero igual las tomamos y luego de 15 minutos de viaje por un camino de adoquín rodeado de campo y animales silvestres que al parecer son curies y aves migratorias de especies que no sabría identificar, los dos Felipes y yo llegamos a nuestro lugar de destino.
Luego de cambiarnos de ropa y ponernos el respectivo bloqueador solar (Ya que al menos yo no dejo de ser un rolo dándomelas de campecino y prefería evitar las quemaduras del sol) salimos a cosechar.
La cosa era así... Teníamos que recoger la papa y clasificarla en 4 diferentes grupos, "la gruesa" (La papa más grande de un tamaño considerable), "la pareja" (De tamaño promedio), "el riche" (nombre que se le da a la papa más pequeñita, para que entiendan papas bebés y/o con problemas tempranos que crecimiento, o sea enanas) y por último las "picadas" y "rajadas", papas que se volvieron el hogar de gusanos y algunas que además resultaron cortadas por el azadón y que no son estéticamente aptas para ser vendidas (Como la ven, le hacen el feo a las feas). Luego del proceso discriminarorio de clasificación, se hacen los bultos y se pesan, para que todos pesen 52 kilos. A propósito, aunque no lo crean, este flaco se echo dos bultos al hombro (jajajaja tenía que chicanear).
Ahora bien, en la mañana hicimos un buen tiempo, trabajamos duro, fumámos en el break, volvimos a trabajar y apilamos bastantes bultos antes de salir a almorzar, la verdad hicimos un muy buen equipo.
El almuerzo no pudo ser mejor, una carne asada muy blandita de buen tamaño, arroz blanco, lentejas, ensalada roja y papa sudada producida en el mismo campo en el que había pasado mi mañana trabajando, no solo era deliciosa, de hecho estuvo perfecta.
Al terminar el maravilloso almuerzo y luego del respectivo cigarrillo volvimos al trabajo donde la operación se repitió,clasificar, apilar y hacer bultos.
Al terminar el jornal respete más a esas personas que dedican sus días al campo, a los campesinos de mi país, que mal pagos, mal cuidados por el gobierno, sub estimados por las gentes de las ciudades que no se dan cuenta que toda esa comida que comen llega a sus mesas por el esfuerzo, la dedicación y el sudor de aquellos que se levantan antes de salir el sol para trabajar la tierra, respete más nuestro origen indígena y campesino, una experiencia que desde todo punto de vista todos deberíamos vivir alguna vez